Escondo chocolates en las habitaciones para sorprenderme en las mañanas.
Camino por los pasillos, sola, asustandome con el eco de cada paso.
Afuera las calles viven,
adentro mis muebles mueren, hartos de polvillo y silencio.
Mi cuerpo sigue uniforme, pero algo en la fuerza de gravedad lo empuja cada vez más abajo. Veo pelos en el piso, todos blancos siguiéndome como rastro de unicornios,
de tiempo cansado.
Veo colores en la casa, sólo grises de voces en off.