domingo, 4 de noviembre de 2012

Invoqué a mis espectros, 
te vi expectante como una porción de luz
que espera ser tomada o mirada

y besé tus labios, negros de vino, 
como si te hubieras preparado para
una ceremonia los entregaste, 
suaves, 
húmedos,
sentí por un momento esa energía
que es casi amor
pasando de tu cuerpo al mío
sin poder fluir, 
y entonces la rechacé.
Me estoy buscando a mi, 

no a vos, te dije.
Uno es lo que las personas

le hacen sentir que es, respondiste.
Nunca tan errado,
nunca tan yo.
Como si realmente fueras luz
pude verme en la oscuridad
desnuda,
ridícula.
Robé pieles hasta confundir los
cuerpos. Me escondí en la oscuridad
para poder dormir en mi pequeña paz.
Negligencia.
Nadie es ella.
Ni ella misma lo es.