jueves, 31 de mayo de 2012

Candelaria

Te veo parada, insegura.
Callando a las voces, que

son todas tuyas, para que nadie
oiga lo que querés escuchar.
Acá todos los espacios son cerrados
y tu cabeza gira para todos lados, 
rebotando en las paredes, millones, 
infinita cantidad de paredes.
Las flores que juntás en el campo
ya no son para el florero de tu  mamá,
ni nadie te tapa cuando hace frío,
pero tenés tanto amor..
Vení a tomar el té, y vamos a juntar
flores y reírnos, y te presento
a vos
con vos,
y rebotas por las paredes
acompañada.
Las luces y los jazmines que bailan en tu olor
no saben de viajes, ni de tu vida,
ni llegan a ver aquella rama encendida.
Sin fuego, sólo por brillar se enciende,
como tu belleza.

Como tu pureza aparente.
Un árbol puede enseñarte más movimientos
que la macumba que te acompaña.
Y yo no puedo cantarle más que al
vacío del padre, y a una oración

con sed de frutas frescas y
campos minados de flores, que sí

explotan cual  minas, si caminás 
sin mirarlas. Y es que no puedo 
desatrapar mis ojos de tu mirada de cristal.
En el momento en que estallen no 

quiero estar a tu lado, ni contagiarme 
tus mocos. Me voy a vestir de azul, y
me voy a alejar cantando las canciones
que le enseñó Francia a mi abuela.
Aunque no sepa francés,
así tal vez, encuentre mi paz.
Ella debe ser la música que nunca hicimos.