miércoles, 11 de abril de 2012

Cómo se hace para hablar del
cuchillo que se tiene en la lengua
atravesando de letra a letra las palabras
que te prometiste, 
y también las que se dijeron.
las luces de las bicicletas, 
los autos paseando en el parque, 
las autopistas nocturnas.
Cuántas cosas extraño realmente.
Mi corazón no me deja dudar.
Por fin sé que es un error,
y entonces no me deja dudar.
Cuánto más profundo nadaré
en busca de las sirenas, 
para sentir que valió la pena 
morir en el fondo del mar,
respirando el mismo agua en 
el que hacía pis cuando era chica.
Quiero que te concentres en las rocas
y en los desiertos sombríos en los que paseo
tu imágen para mi mayor autocomplacencia.
Quiero que te detengas solamente en el lila
de esa margarita y sepas llorar su tristeza.
Y llores por mi, y todas las flores que dejaste
marchitar, y los girasoles que se pudren
mirando tu cara, esperando un poco de luz.
Quiero verte sucia de vivir, y limpia de culpa.
Quiero tocar tu pelo y sentir su movimiento.
Quiero que tu voz sea un coro a deieciseis mil voces
entonando esas notas que te lastimaban la piel, 
y que puedas meterte el dedo en la oreja
para despegar la grasa asquerosa que
dejaste crecer, aquél día que dejamos
de creer en escucharnos.