Quiero dibujar tu cuerpo con palabras.
Quisiera poder hablar horas, como las horas que hablo sola o acompañada e invocar al espectro de perfume que me persigue desde lo muy profundo, desde un sótano mohoso que no me atrevo a descubrir. Quizá abrir la puerta, impulsada por ese aroma que se llamará autoliberación, o simplemente impulso, y enfrentar el producto de mi propia sangre latiendo, luchando contra las alimañas que encierro para no ver.
Vencer.
Glorias.
Arlequines disfrazados de mi.
Nadie le cantó al sobreviviente bajo los escombros. Trovadores festejando la caída del tirano, trovadores que le cantan a su héroe. Y yo, victoriosa como figura de antaño, saliendo de entre la multitud para disfrutar del bullicio.
¿Pero por qué solo veo heridas viejas sangrantes?
Recuerdos de un autoflagelo calculado.
Que corten la cabeza de quien festeje.
Que maten al traidor y me traigan su oreja.
Yo no quiero sótanos ni heroísmo.
Yo solamente quiero que nos devuelvan.