lunes, 26 de septiembre de 2011

Llegaste por un camino ajeno, 
miraste las flores de mi jardín e intentaste arrancarlas
sin derecho
con razón (quizás)
sin derecho.
Culpas, 
juegos.
Tus palabras hablan de ansias y sueños, pero no de cariño.
Tus palabras fueron puestas en frascos en repisas de un zótano,
 o en el ácido, o en la nube, pero no en mi.

Una compañía.

Una nariz gigante, con poros gigantes, decorada con cariño;
una espalda torcida, que se amolde a tus curvas;
un cielo compartido en todos los azules, los rojos, los fríos;
una carta, un tres de copas, yo, o ella, u otra; 
un culpa, incentivada por mis negaciones;
una sonrisa, una mordida en la oreja;
un rasguño de secundaria;
un amor, mío, o suyo, o de ella;
un vacío que no puedo llenar;
una cajita de recuerdos;
un corazón que late;
una, dos, tres,
mil más.