Las luces y los jazmines que bailan en tu olor
no saben de viajes, ni de tu vida,
ni llegan a ver aquella rama encendida.
Sin fuego, sólo por brillar se enciende,
como tu belleza.
Como tu pureza aparente.
Un árbol puede enseñarte más movimientos
que la macumba que te acompaña.
Y yo no puedo cantarle más que al
vacío del padre, y a una oración
con sed de frutas frescas y
campos minados de flores, que sí
explotan cual minas, si caminás
sin mirarlas. Y es que no puedo
desatrapar mis ojos de tu mirada de cristal.
En el momento en que estallen no
quiero estar a tu lado, ni contagiarme
tus mocos. Me voy a vestir de azul, y
me voy a alejar cantando las canciones
que le enseñó Francia a mi abuela.
Aunque no sepa francés,
así tal vez, encuentre mi paz.
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