Accidentalísima. Accidentalisisísimamente un amarillo se coló en la habitación. Es una pena, señor, no tener la forma apropiada para disculparme, ni un remedio para el amarillo, que no sea su cara azulina de tanto comer carilinas. Sin ofender. Espero sepa disculpar también las migraciones de abejas, y los conejitos aserrines, que tanto aquejan a su jaqueca. Salud! Salud a su maravillosa hija. Quítese las gafas y bailemos hasta el mar rojo. Ahora naranja. Ahora es ya,
y será amarillo..
martes, 26 de junio de 2012
MI A
soy parte de esa masa
heterogénea
que soy
de invisibilidad,
y ella es por completo
mía. Solamente mía.
heterogénea
que soy
de invisibilidad,
y ella es por completo
mía. Solamente mía.
Living la vida pocaaa
Un buen usuario
debería de cuidar su contraseña,
separar sus pestañas
y lentamente
moverse hacia la puerta.
debería de cuidar su contraseña,
separar sus pestañas
y lentamente
moverse hacia la puerta.
La mala sangre
tendremos muchos vestidos
largos hasta el polvo
todos serán blancos
nadie comerá manzanas
tu pelo bailará
largo, largusisísimo
el viento lo peina
tus manos suaves, silbando
las macumbas moribundas
los caballos y los valles
la telaraña en tu cuello
la araña en tu lengua
mis ventanas empañadas
tus corazones rocosos
mis codos paspados
mis rodillas quebradas
tus ojos carnívoros
mis carnes flácidas.
Tendremos un perro
siete corderitos
nadie bailará tregua ni catala
y los paraguas serán de aire.
La luna vendrá lejisisísimo
pero tu boca ya estará
completamente embadurnada
de barro y placenta.
largos hasta el polvo
todos serán blancos
nadie comerá manzanas
tu pelo bailará
largo, largusisísimo
el viento lo peina
tus manos suaves, silbando
las macumbas moribundas
los caballos y los valles
la telaraña en tu cuello
la araña en tu lengua
mis ventanas empañadas
tus corazones rocosos
mis codos paspados
mis rodillas quebradas
tus ojos carnívoros
mis carnes flácidas.
Tendremos un perro
siete corderitos
nadie bailará tregua ni catala
y los paraguas serán de aire.
La luna vendrá lejisisísimo
pero tu boca ya estará
completamente embadurnada
de barro y placenta.
La mala sangre
Mis manos brillan
con su poder,
y tus dedos aún marcados
en mi sien.
Las marcas del piano
en tus alas.
Las sirenas que suenan.
Las sirenas que suenan.
Los baches del tiempo.
Pero tus ojos.
Pero tus ojos.
Tus ojos tienen telarañas,
y arañas.
Y yo.
Yo no puedo enseñarte.
Yo no puedo enseñarte.
jueves, 21 de junio de 2012
Cuando sacás la manteca de la heladera, cambia.
Lo primero que notás es la decadencia de su firmeza.
Lo que antes te costaba tanto raspar con el cuchillo ahora cede, cómodamente se amolda al metal o la madera que lo arrastra, y se despega del resto con pereza. También pierde su blancura y se torna amarillo enferma, orgánica y aplastada. Hasta su envoltorio que lucía tan plateado y robótico ahora produce rechazo, mientras se achancha a la forma que le dicta la fuerza de gravedad, y mirar de frente al foco. Pero ella, ella ntensifica su color cuasi artificial mientras se derrite, pierde sus líneas, se torna fea, y es como una señora con sobrepeso y piel brillante, parecida a muchas cosas o distinta a ella misma.
Al final puede ser grasa, o aceite, o manos y bocas brillando a la luz, una torta, pero no debemos olvidar nunca, nunca, que ella era un pan manteca.
Lo primero que notás es la decadencia de su firmeza.
Lo que antes te costaba tanto raspar con el cuchillo ahora cede, cómodamente se amolda al metal o la madera que lo arrastra, y se despega del resto con pereza. También pierde su blancura y se torna amarillo enferma, orgánica y aplastada. Hasta su envoltorio que lucía tan plateado y robótico ahora produce rechazo, mientras se achancha a la forma que le dicta la fuerza de gravedad, y mirar de frente al foco. Pero ella, ella ntensifica su color cuasi artificial mientras se derrite, pierde sus líneas, se torna fea, y es como una señora con sobrepeso y piel brillante, parecida a muchas cosas o distinta a ella misma.
Al final puede ser grasa, o aceite, o manos y bocas brillando a la luz, una torta, pero no debemos olvidar nunca, nunca, que ella era un pan manteca.
lunes, 18 de junio de 2012
Mientras hablaba con el taxista de lo cansada que estaba vi la silueta de un chico de mi edad, dibujando un monstruo del otro lado de su ventanilla empañada. Y yo también soy ese chico, y yo también soy ese clima que hace ahora, y duro lo que dura una lluvia. Y yo también soy ese monstruo, saludando en la ventana, ventanilla, a la vista sin saber siquiera que existe, y mucho menos que saluda. Y como si hubiera magia todo está bien, si sé que soy yo, yendo a mi (no lo borres). Me relajo y vuelvo a dormir. Al fin de mi calma le faltan unos cuantos pesos más para llegar, y solamente un pedacito de mi es el que viaja.
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