martes, 18 de diciembre de 2012

A veces me miro la cabeza en el espejo
e intento que se convierta en un papel
en un cigarrillo, que se queme con ácido,
la prendo fuego, la pinto de colores.
pero es como si la mente fuera eterna, 

estúpida fuente inagotable de estupidez,
estupidez tan humana como la tuya.

Ya no creo en el fin, 
sólo queda la transformación.
Podrías ser la letra de una canción.
De mi canción que yo voy a hacer

para que seas mi letra,
la letra de la canción.
Ciego,
estúpido ciego pateando
huellas en la acera.
Nadie cederá su jardín, 

ni yo cederé mi cuna.
En cambio
rumiaremos en la oscuridad,
beberemos sangre,
santa sangre hasta morir,
vamos a llorar en la eternidad.
Todos juntos, 
D.C.
Escucho a la gente, 
leo. Se habla de una marca
de nacimiento, injerta en 
el ombligo, atada a la médula.
Es difícil reconocerla
porque la camuflamos con piel
y le atamos el pelo con moños.
Una vez escuché a una hija  

hablar de culpas y de fuego.
¿Si la nuestra fue de abandono
a quién hemos de culpar?
A veces siento que quiero ser
vital para vos, y que así me puedas 
convencer de que soy vida para mi.

martes, 4 de diciembre de 2012

Ya se presentía. Como un incendio interrumpiendo el ocaso
me prendí a las cortinas
a mis pelos y
arañé los muebles.
Será que nada sea más que esta búsqueda del imposible,
la dificultad del alma en una vida.
Como un ciego en penas
me veo sin verme desnuda
en el charco de mi pis,
mocosa y sucia
pero ya casi grande.
Sí sé lo que es,
pero cómo saber, cómo
cómo saber cómo.
Quemen mi cuerpo
que yo sólo temo a la muerte espiritual.
Quemen mi cuerpo
que yo sólo le temo a no llegar a ser.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Cuando ella toca su violín es como si se desvistiera de todos los colores. Todos menos el azul, que se convierte en azul muy intenso y lleno de matices en azul marino, en azul eléctrico, y el brillo de su azul en cada nota es como si llorara, como si estuviera todo ahí y estuviera naciendo y muriendo para dar paso a un nuevo tono. Y crea mareas de energía cuando una nueva frecuencia se mueve hacia los cuerpos del expectante, y te muestra lunas y noches sin estrellas. Hasta te muestra rojos y amarillos, sin salir nunca del azul.Una vez la vi tocar y lloré.
Miré mis ojos tan llenos de todo

que no pude ver nada.
Creo que es un recuerdo, o un sueño. La diferencia entre real o no se vuelve tan poco relevante luego de que esa sensación te invade y mil hormigas te suben al pecho y por el cuello, y sabés que son mil porque hasta sentís su peso presionando tus pulmones. Fue ese momento en que retiraste tu hombro para entregarme una sonrisa, que brilló mucho más cuando se vio entera, como si fuera luna llena la entregaste, con ojos cerrados de sueño y tranquilidad, totalmente en paz. Besé tu rostro suavemente con mi mano para no despertarte y recostaste tu sien bajo mi clavícula. Creo que quedabas perfecta. Creo que quedarías perfecta, porque, claro, ahí es cuando creo que es un sueño; es que volví a dormir. Cuando me desperté estabas en el baño, o poniéndote las zapatillas. Sin que te dieras cuenta me recosté en tu hueco, y las hormigas que se habían comido mis agallas se comieron también las palabras bonitas que pudieran detenerte, retener la sensación. Te miré. Te miré irte. A veces no puedo evitar alejarme mentalmente de la escena en la que me encuentro partícipe para quitar la responsabilidad de mis no-actos.
Tantas veces tardé.